Autocrítica (que no autoflagelación)

Transcurrido ya un tiempo prudencial desde el naufragio de Liverpool, los peores instintos nacidos de la impotencia de la derrota ya han quedado atrás. No hay motivos para quemarlo todo, pero el episodio vivido en Anfield no puede ignorarse como si nada hubiese ocurrido. Obliga a una profunda reflexión, con espíritu crítico, para dilucidar si estamos o no en el buen camino, si tenemos o estamos construyendo unos fundamentos suficientemente sólidos para permitir al primer equipo de fútbol del FC Barcelona enfrentarse con garantías a los retos mayúsculos que tendrá a corto plazo. Sin una reflexión y una autocrítica (que no autoflagelación) constantes, no hay progreso.

En El Senyor Ramon hemos efectuado este ejercicio de introspección. Las conclusiones extraídas revelan, desde nuestro punto de vista, problemas estructurales de origen lejano que hubiesen quedado sepultados (que no borrados) en caso de conseguir la Champions League en Madrid. He aquí nuestras reflexiones:

  • Quizás no somos tan buenos como creíamos. La de este año es la cuarta derrota por tres goles o más que el Barça encaja en los últimos cuatro años en Europa (París 4-0, Turín 3-0, Roma 3-0 y ahora Liverpool 4-0). Tener al mejor futbolista del mundo no asegura nada en contexto Champions e incluso puede que tenga un efecto contraproducente: podría llevar a pensar que él solo es capaz de sacar al equipo de cualquier contratiempo. Hay que asumir que no estamos en condiciones de competir con los mejores de Europa (solo los estúpidos podrían negar los hechos, tozudos y reiterados), y por eso mismo hay que atreverse a evolucionar. Si no, ya conocemos el resultado de antemano.
  • Como en cualquier organización, parte del éxito de una entidad deportiva de élite radica en el respeto y el ejercicio eficiente de los roles de cada estamento (directiva, gestores, técnicos y deportistas) sin que ningún actor invada parcelas que no le corresponden con la aquiescencia y/o renuncia al principio de autoridad por parte de quien debería ejercerla. Dicho sin subterfugios: quizás, solo quizás, los jugadores que tanto han dado al club no se limitan ahora a ejercer de futbolistas, sino que se extralimitan ejerciendo cuotas de poder a las cuales han renunciado los responsables elegidos por los socios. No faltan ejemplos: la intermediación de un jugador para encontrar patrocinador principal (dado que la gerencia no disponía de opciones válidas) la toma de decisiones deportivas con previa consulta vinculante a las ‘vacas sagradas’ del primer equipo, la contratación de un técnico que prima la jerarquía y los derechos adquiridos por encima del relevo generacional y el riesgo (controlado) y la renovación multimillonaria por varias temporadas de jugadores que sobrepasan la treintena. Quizás, y solo quizás, los futbolistas han acaparado demasiado poder; quizás quien debía ejercerlo simplemente ha renunciado a hacerlo.
  • La planificación deportiva del club debe responder a una idea, a una filosofía, a un estilo, que el Barça ya habría encontrado. Una vez esta idea está clara, solo es necesario buscar las piezas para implementarla. Hacerlo al revés, como en los últimos años, es el camino más corto hacia el fracaso deportivo y el endeudamiento del club hasta niveles insostenibles. La evidencia del mal encaje deportivo y del desastre económico de los últimos fichajes estrella, añadida a varias historias recientes de evidente mala planificación deportiva, resulta palmaria. La indecisión y la falta de un horizonte deportivo claro nos lleva a tierra de nadie: hemos abandonado voluntariamente el modelo de juego que nos dio más éxitos, pero tampoco sabemos o podemos competir desplegando otro tipo de fútbol, ni sabremos o podremos lograrlo sin vendernos el alma y la identidad hasta niveles insoportables. Esta indefinición conlleva otras ineficiencias graves: en las categorías inferiores se siguen formando jugadores en una filosofía futbolística concreta que ya no encontrarán cuando lleguen al primer equipo.
  • Deben administrarse los recursos con racionalidad y visión a medio / largo plazo, sin caer en improvisaciones archimillonarias para enterrar problemas y huir hacia adelante. Las recientes operaciones fallidas no solo condicionarán el futuro inmediato del club, sinó que limitarán el margen de maniobra de los futuros mandatos. Así pues, no es solo por planificación deportiva, sino también por imperativo económico, es vital mirar primero a casa y luego fuera y no al revés.
  • El entorno parece tener el estómago lleno: sufre de autocomplacencia. Roma tenía que ser un paseo y en Anfield íbamos a pasar. La gente realmente informada, a pesar de saber, calla, dimitiendo de su raison d’être. Amar el Barça es incompatible con esconder la cabeza bajo el ala cuando las cosas van mal.

Si hubiésemos ganado en Liverpool, todas estas conclusiones hubiesen sido idénticas… pero muy probablemente, la embriaguez de la victoria nos hubiese impedido formularlas y afrontarlas.

La derrota, en cambio, nos dio una oportunidad de encarar los problemas, evolucionar y progresar. Os invitamos a hacerlo con nosotros: en Can Barça, como siempre, es hora de tener gente generosa, valiente… y capaz.

Visca el Barça!