Bill Shankly o la imposición de una idea futbolística

La temporada 2018-19 se cerró con la victoria del Barça en la Liga y el hito de encadenar 8 títulos de la máxima competición estatal en los últimos 11 años. A pesar de este éxito evidente, a los aficionados nos quedará el sabor amargo de la derrota en Anfield contra el Liverpool en el partido de vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones, una eliminatoria que muchos culés dábamos por ganada y que fue dolorosa en todos los sentidos… pero, sobre todo, por la renuncia que supuso a un modelo de juego que nos había permitido lograr tantos éxitos en la competición europea.

En este artículo no entraremos a valorar los aspectos estrictamente futbolísticos de aquel encuentro, que por un lado dejaron desnudos los problemas de fondo que existen actualmente en el modelo deportivo del club y por el otro hicieron patente la renuncia al estilo de juego que nos había caracterizado en el pasado. Aquel partido nos permitió constatar, por ejemplo, el papel relevante de la afición del Liverpool, una afición que nunca deja de apoyar a su equipo e imprime una presión ambiental muy fuerte en cada partido.

Este papel tan notable de los fans del club de Anfield encuentra su origen muy probablemente en Bill Shankly, quien fuera entrenador durante muchos años de los reds y a quien se considera el alma del Liverpool. Shankly reescribió la historia de la entidad y le imprimió el carácter luchador (y ganador) que lo ha caracterizado en el último medio siglo: de hecho, algunos expertos atribuyen a Bill Shankly el mismo papel transformador que Johan Cruyff tuvo el Barça.

Bill Shankly llegó al Liverpool en diciembre de 1959. En aquellos momentos el club se encontraba en la segunda división inglesa y su situación era desesperada: no había ganado ningún título en doce años, el equipo era muy débil y el campo de entrenamiento de Merseyside era indigno. Nada más llegar, Shankly hizo limpieza de jugadores y construyó un equipo técnico sólido a su alrededor, con ayudantes como Joe Fagan, el legendario Bob Paisley y Reuben Bennet. Los dos primeros fueron entrenadores del Liverpool posteriormente, recogieron el legado de Shankly y, de hecho, obtuvieron aún más éxitos que el propio Bill.

Shankly revolucionó el estilo de juego del Liverpool imponiendo un fútbol de pases cortos y mucha intensidad. En sus 14 años como técnico del Liverpool sumó 3 Ligas inglesas, 2 Copas y una Copa de la UEFA, además de llegar a una final de Recopa. En 1967, en la Copa de Europa, el Liverpool perdió contra un Ajax de Ámsterdam en el que militaba un jovencísimo Johan Cruyff. En aquel partido, Shankly tuvo una revelación al ver cómo jugaba el equipo holandés: se dio cuenta de que  las cosas irían mucho mejor con la posesión y la excelencia en el toque de balón. Y ciertamente, en los años 70, de la mano de jugadores como Kevin Keegan y del mencionado Bob Paisley como entrenador, llegarían los grandes títulos europeos para el Liverpool.

Aparte de la revolución en el estilo de juego que Shankly impuso en Liverpool, también a él se le debe una concepción de unidad entre jugadores, técnicos y afición que ha permanecido inalterada hasta nuestros días a pesar de los grandes cambios que la mercantilización del fútbol nos ha traído. Suya es la idea de la ‘Santísima Trinidad’ (Holy Trinity), el núcleo del club formado por los jugadores, los entrenadores y los aficionados. “Los directivos están sólo para firmar los cheques”, solía decir Shankly, desafiante. El técnico británico inspiró la adopción del famosísimo You’ll never walk alone como himno oficial del Liverpool porque representaba exactamente lo que quería transmitir: que un jugador del Liverpool nunca abandonaría los compañeros, y que la afición nunca dejaría de apoyar. También fue él quien hizo colocar la famosa placa que reza This is Anfield en el túnel de vestuarios, como mensaje hacia los equipos visitantes, pero también hacia los propios jugadores reds: en ningún momento podían olvidar dónde estaban y lo que representaban.

Shankly dejó muchas otras ideas que los aficionados aún recuerdan. Un buen ejemplo es la Boot Room, una habitación donde en teoría arreglaban las botas pero que en la práctica constituía la verdadera sala de reuniones del cuerpo técnico: un pequeño santuario desde el que podían transmitir mejor su filosofía a los jugadores. El hecho de que el Liverpool cambiara el color del pantalón, que antes de Shankly era blanco, para hacerlo rojo como la camiseta (que visualmente hacía los jugadores más altos) también se debe al técnico escocés. Una larga lista de recuerdos y anécdotas que han forjado un sentimiento de unidad a la afición.

La paradoja (aparente) es que hoy en día el Liverpool no es un club propiedad de sus socios: en 2007 fue adquirido por unos empresarios americanos y 2010 revendido al grupo empresarial Fenway Sports Club. Sin embargo, el fuerte sentimiento de pertenencia no ha disminuido y la filosofía del Liverpool y de Bill Shankly, con su Holy Trinity, es más fuerte que nunca… gracias también a la magnética personalidad del actual técnico, Jürgen Klopp.

Trasladando esta reflexión a la situación del Barça, deseamos que el club pueda mantener y reforzar el modelo futbolístico por el que apostó hace tres décadas, y que la idea y los valores en torno a este modelo puedan seguir siendo centrales en el futuro. En definitiva, debería ser prioritario que (como ha hecho el Liverpool) nunca renunciemos a este patrimonio sea cual sea la directiva, el cuerpo técnico o el modelo de propiedad que tengamos en cada momento en el Barça.

Texto de Eloi Noya, miembro de El Senyor Ramon

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