¡Es la Masía, estúpido!

¡Es la economía, estúpido! Eslogan electoral de la campaña presidencial de Bill Clinton contra George Bush padre en 1992. A pesar de que Bush había ganado la primera guerra del Golfo, perdió las elecciones ante Clinton, que focalizó su campaña en las cuestiones de política económica.

Ahora hará diez años que el gol de Andrés Iniesta en Stamford Bridge (desde entonces, y para siempre, Don Andrés), nos abrió la puerta del cielo. Aquello fue el inicio de una década prodigiosa en resultados futbolísticos (tres Champions, tres mundiales de clubes, siete ligas españolas y cinco copas del Rey), por obra y gracia de una generación de jugadores irrepetible. En el milagro londinense intervinieron siete jugadores formados en Can Barça, los mismos que semanas después jugaron y ganaron en Roma.

No obstante, el deslumbramiento de la era Messi no nos debe distraer de los retos y las amenazas que deberá afrontar el Barça en un futuro inmediato. El acierto en las decisiones que se tomen en los próximos años permitirá, o no, la sostenibilidad deportiva, financiera y social del club. En otras palabras, que el Barça siga siendo nuestro Barça, o que inevitablemente se convierta otra cosa. Y a nuestro entender, el factor clave del sostenimiento de estos tres ejes reside, en gran medida, en lo que llamamos La Masía.

Sostenibilidad Financiera. En la última década, el mundo del fútbol ha sufrido una hiperinflación global, por varios factores combinados, entre otros, los inverosímiles contratos televisiones de la Premier League, la irrupción de clubes-Estado con casi ilimitadas fuentes de financiación (incumplidores sin castigo del fair play financiero), o el “nuevo-riquismo” chino (derivado de un exceso de liquidez que parece llegar a su fin). A pesar de que este proceso inflacionario debe llegar necesariamente a un techo para luego bajar (así ha pasado ancestralmente con los procesos de crecimiento desmedido de precios, desde el de los tulipanes holandeses en el siglo XVII), es previsible que, en los próximos años, el Barça no esté en condiciones de competir económicamente por los mejores jugadores.

En este contexto a corto y a medio, hay un riesgo de un crecimiento insostenible del endeudamiento si se fía el modelo deportivo enteramente al cortoplacismo y el mercado. En el periodo 2009-2018 ha habido una relación inversamente proporcional casi perfecta, matemática, entre los minutos jugados en el primer equipo para jugadores de la Masia y los niveles de gasto y endeudamiento. Así, en la temporada 2012-2013 se llegó al pico de minutos jugados (24.014) con el gasto por fichajes más baja del periodo considerado (33 millones de Euros); por el contrario, en la temporada 2017-2018 los minutos jugados por los de casa tocaron fondo (12.748) y el gasto en fichajes se disparó (359,37). A todo esto, durante el primer quinquenio del período considerado (coincidiendo con el mayor protagonismo de los jugadores de casa), el endeudamiento neto de la entidad disminuyó considerablemente, mientras que desde su progresiva pérdida de protagonismo deportivo desde la temporada 2015-2016, el gasto y el endeudamiento se han incrementado exponencialmente, habiendo alcanzado durante el ejercicio 2017-2018 niveles difícilmente sostenibles (según los últimos datos publicados, la deuda actual oscil.la entre los 157,5 y los 220 millones de Euros, dependiendo del criterio de contabilización que se adopte).

Está claro que hay que separar el grano de la paja, y que la realidad acaba siempre modulando los dogmas, pero parece evidente que existe una correlación entre presencia de jugadores de la Masía en el campo y contención del gasto y, por extensión, del endeudamiento. Los datos corroboran pues que la sostenibilidad financiera del Barça, y por extensión su modelo social (ahora hablaremos), dependerá que seamos capaces de articular un proyecto deportivo que se fundamente en la Masía.

Sostenibilidad social. El Barça ha sido un caso único de arraigo social de un club deportivo en su territorio; en su historia, ha trascendido, con mucho, el ámbito deportivo para influir en los ámbitos sociales y políticos (de ahí el “Més que un club“, y no por ninguna otra cosa). A nuestro entender, este fenómeno, desconocido en el resto del mundo, es consecuencia directa, entre otros factores, de un modelo en el que los socios son los propietarios. Si bien esta peculiaridad añade dificultad a la sostenibilidad financiera y competitividad del Club (no podemos captar recursos propios de inversores), es total y absolutamente irrenunciable. Sin embargo, la cuadratura del círculo consistente en mantener el actual nivel competitivo en el ámbito deportivo y conservar la propiedad del socio sólo será posible si, de nuevo, fundamentamos el devenir del club en la Masía. Si no es así, es previsible que el entorno hiperinflacionario y el incremento del endeudamiento nos fuercen a escoger entre el papa y la mama, o dicho de otro modo, entre convertirse en una sociedad anónima para seguir compitiendo o dejar de competir al máximo nivel para conservar la dimensión social del Barça.

Los datos también muestran un alarmante descenso de asistencia al Camp Nou en las dos últimas temporadas, si bien ha experimentado un repunte en el actual 2018-2019. Se observa, de nuevo, una correlación entre los minutos de los jugadores de casa en el terreno de juego (que en las dos últimas temporadas ha sido el más bajo de la década 2009 hasta 2019) y la asistencia al estadio. Si bien hay que esperar si esta tendencia se consolida o revierte, parece también evidente que un equipo repleto de gente de casa genera más identificación y, por tanto, más asistencia.

Sostenibilidad deportiva. Conduciéndonos el análisis a la conclusión objetiva que la Masia debe ser el fundamento sobre el que, de nuevo, se edifique el futuro, habrá que adoptar aquellas decisiones estratégicas en el ámbito deportivo que sean coherentes con esta idea. Habrá que tener preferencia por profesionales que conozcan el club y que tengan el atrevimiento de jugarse con chicos de la casa. Habrá que crear una estructura deportiva que tenga en mente la continuidad histórica del club, y el modelo deportivo y económico que se persigue. Habrá que hacer un esfuerzo para retener el talento joven que ahora huye, invirtiendo en ella -si necesario y se lo val- dinero, en vez de invertirlos en jugadores que ahora venden y mañana se van. Habrá que hacer las inversiones en jugadores de fuera que mejoren lo que hay en el Club, y ser muy rigurosos en atender peticiones puntuales de entrenadores. Habrá que respetar la estética, la manera de entender el fútbol; pues la estética nos ha hecho diferentes y únicos. Y a veces, los culés deberemos tener suficiente paciencia para que el camino que inevitablemente se deberá seguir nos acabe llevando a Ítaca.

En definitiva, habrá que tener una idea deportiva muy clara (que por todo lo expuesto, sólo podrá ser una), creer en ella y decidir con valentía para aplicarla hasta las últimas consecuencias.

¡Es la Masía, estúpido!

 

Firmado por: El Senyor Ramon, el primer Think Tank del Barça.