Se compite como se entrena … y como se vive

No hay duda de que el Barça tiene una de las mejores plantillas del mundo, por no decir la mejor. Tampoco hay duda de que el equipo dispone del mejor futbolista del planeta en sus filas: todos sabemos de quién estamos hablando.

A pesar de esta circunstancia, en el seno del Club hay un gran debate abierto: el barcelonismo se pregunta si el equipo ha perdido el estilo de fútbol que históricamente le había caracterizado y que le había permitido erigirse en referente mundial. El peso decreciente de los jugadores de la Masia en la primera plantilla es uno de los factores más indicativos (y preocupantes) de esta deriva.

Desde El Senyor Ramon siempre hemos reclamado que no se pierda esta identidad, el estilo que impuso Johan Cruyff, que actualizó Frank Rijkaard y que sublimó Josep Guardiola. Es una forma de entender el fútbol que nos ha hecho únicos y al que no se debería renunciar en ningún caso.

Como el máximo exponente de este estilo debe ser el primer equipo de fútbol del Club, este artículo estudiará la situación actual del mismo. Empecemos estableciendo un pequeño axioma: sabemos que el talento abarca muchas dimensiones en el alto rendimiento deportivo, así que nos centraremos en el apartado de la calidad técnica. Si comparamos la que posee el Barça con los otros diez conjuntos más competitivos del mundo del fútbol, ​​todos coincidiremos en que los azulgranas son desde hace muchos años el equipo más potente de todos.

Leo Messi, segurament el millor futbolista de tots els temps.

¿Por qué, entonces, hace tantas temporadas que el FC Barcelona no gana la Champions League? ¿Por qué el equipo ha caído en eliminatorias europeas de forma repetida, jugando partidos de muy bajo nivel fuera de casa? ¿Cómo es, en cambio, que en Liga se suman victorias con tanta regularidad? Y una pregunta añadida de igual importancia: ¿por qué el Barça ha pasado de enamorar todos a nivel mundial, con un estilo de fútbol inconfundible, a ser un equipo aburrido?

Desde nuestro punto de vista, la explicación es clara: por el día a día y por el estilo de vida. Se compite como se entrena … y como se vive.

Desarrollemos este argumento. Cuando una serie de deportistas lo han ganado todo a nivel de club y siguen durante muchos años en una entidad, para mantenerlos en tensión sólo hay dos opciones: o bien estos atletas tienen un apetito y una ambición insaciables, o bien el equipo técnico que los dirige les impone un altísimo grado de exigencia diaria.

En el primer caso, si hiciéramos un símil con un deporte tan severo como el tenis, el equivalente de esta ‘hambre’ sería la actitud que demuestran Rafa Nadal, Novak Djokovic o Roger Federer. Se trata de jugadores que han ganado todos los títulos (varias veces, de hecho), pero aún así siguen mejorando e innovando cada día. La ambición y la pasión que tienen por su deporte les empuja a superarse constantemente. Si los viéramos entrenar cada día, notaríamos que persiguen incansablemente una versión superior de ellos mismos, como si todo lo que consiguieron ayer no tuviera ningún valor hoy. Es por ello que continúan haciendo historia: porque el alto rendimiento no hay memoria, y si no mejoras, sencillamente empeoras.

La sensación que se vive en el Barça en estos momentos, en cambio, es de moverse en la zona de confort. El Club tiene en sus filas un grupo de futbolistas único, pero a quien valoramos y recordamos más por su rendimiento pretérito que por el presente. A ello hay que añadir que muchos jugadores líderes en tiempos pasados, que además encarnaban los valores de la Masía (caso de Carles Puyol, Xavi Hernández o Andrés Iniesta, por ejemplo), ya no están en el Club: en una enésima demostración de sus valores personales y deportivos, decidieron marcharse cuando vieron que ya no podían dar más.

Si el ‘hambre’ de los deportistas, la primera opción de las dos que antes hemos visto, no funciona … solo nos queda otra: el liderazgo fuerte y la exigencia por parte del cuerpo técnico.

Carles Puyol, excapità del FC Barcelona.

Cuando hablamos de entrenadores, cabe presuponer que la ambición y la exigencia (al equipo y a uno mismo) deberían estar garantizadas. El estilo de vida de un técnico de élite debe ser tremendamente exigente, enfocado a la mejora constante y el cuidado de todos los detalles. Debe tenerlo todo en la cabeza: el trabajo técnico y táctico, el análisis del rival, el imprescindible trabajo físico, la prevención de lesiones y (¡muy importante!) El apartado mental. Como líder de un vestuario, debe asegurarse de que sus deportistas tengan todas las herramientas para competir, desde la intensidad en la ejecución hasta la confianza en las propias habilidades y la cohesión del equipo.

Todo ello, como se puede comprender, implica seguir una metodología rigurosa y pasar muchísimas horas en la Ciudad Deportiva. Así se construyen los equipos ganadores; así hizo historia Pep Guardiola como entrenador del Barça. Si como técnico estás comprometido con la mejora diaria, el talento marcará diferencias: si no cuidas todos los detalles que están a tu alcance, en cambio, te expones a muchos riesgos. El rendimiento deportivo, al fin y al cabo, es una consecuencia del talento del que dispones sumado a tu capacidad de trabajo y multiplicado por tu actitud: si, como hemos dicho antes, al Barça el talento técnico le sobra, nadie debería poder superarlo… pero sin embargo no es así.

El Club, de hecho, parece estar lejos hoy de esta excelencia. Funcionar por inercia, no transmitir inquietudes en el día a día y esperar que las genialidades del mejor del mundo lo enmascaren todo: esta es la fórmula que impera. La enorme influencia de Messi en la competición permite conquistar la Liga sin muchas dificultades, por mucho que la intensidad, el ritmo del juego y el nivel futbolístico no sobresalgan.

Cuando toca salir a competir en Europa, sin embargo, la historia es muy diferente.

Ante equipos con ritmos muy elevados, con alta capacidad de concentración y con una irrompible mentalidad competitiva fruto del entrenamiento diario, el Barça ha caído repetidamente: un año fue la Juventus FC, otro una AS Roma teóricamente muy inferior, y la última vez el Liverpool FC de Jürgen Klopp.

El Liverpool FC, actual campió de la Champions League i de la Supercopa d’Europa.

Lo que nos demuestran estas eliminaciones, pues, es que una cosa es “jugar” y otra “competir”. Hay una gran diferencia. La competición es la consecuencia de un trabajo constante de optimización de recursos en el día a día: en un equipo de la calidad del Barça, esta optimización debe perseguir el correcto posicionamiento ante cada acción propia y del rival, una alta velocidad de decisión y de ejecución, unos automatismos a los que se pueda recurrir en cualquier momento. Todo esto se consigue exigiendo el máximo al futbolista en cada sesión de entrenamiento: hay que asegurar que, una vez en el terreno de juego, el jugador haya anticipado todo lo que puede pasar y tenga la respuesta correcta interiorizada.

He aquí el gran problema del Barça actual: el día a día. Se hace difícil justificar la pretemporada que se ha llevado a cabo este verano, y es triste constatar hasta qué punto el marketing ha prevalecido sobre el trabajo; no se entiende que, una vez comenzada la competición, las sesiones de entrenamiento cada vez sean más escasas y de menor calidad.

Cuando el liderazgo desaparece, cuando el ambiente se vuelve conformista, cuando la complicidad con el técnico se convierte en autocomplacencia … es momento de parar y reflexionar; y esto no sólo vale para aquellos que hace tiempo que están en el equipo, sino también por los que acaban de llegar. Aunque sean excelentes jugadores, también necesitan un líder, un mentor, un motivador que saque el máximo rendimiento. Si esto no existe, las consecuencias son inevitables: el nivel colectivo decae, se multiplican las lesiones y se pierde la capacidad competitiva.

Esta temporada, el Barça tiene una oportunidad magnífica de recuperar la esencia de su fútbol con jugadores tan talentosos y con unos valores tan sólidos como Marc-André ter Stegen o Frenkie de Jong, combinados con jóvenes de la casa con un inmenso potencial como Ansu Fati, Riqui Puig o Carles Aleñà. El Club necesita volver a priorizar la Masia como esqueleto del equipo, añadiendo fichajes que realmente sean referentes mundiales en su posición: necesita alguien al frente, un líder motivador, comprometido con el estilo de juego, que se desviva por cuidar todos los detalles. El Barça necesita que la entidad entera respire una “forma de vida” en consonancia con el deporte de élite y (muy especialmente) con lo que representa lucir la camiseta azulgrana. Sólo esta fórmula, unida a una metodología de trabajo que persiga de nuevo la excelencia, hará que el primer equipo de fútbol vuelva a enamorar.

La Masia, una de les millors armes amb què compta el FC Barcelona.

Como decía Xavi hace unos meses, el Barça parece dormido, y por desgracia en los últimos años cada vez se sume en un sueño más profundo. Nos toca despertarle entre todos: queremos volver a vibrar, volver a ser los mejores del mundo, y sabemos que tenemos la materia prima perfecta para hacerlo.

Si a tus cualidades le añades pasión y esfuerzo, crecerás muy deprisa. Ha llegado la hora, pues, de ponerse a trabajar.

Tan simple como eso.

Artículo firmado por los miembros de El Senyor Ramon

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